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miércoles, 15 de junio de 2011

No es feliz

Era un hombre. No creía.
Fuera de su casa tenía una pared. Hace unos años una anciana ciega había llego allí. En la pared había una gota de sangre. No salía. La anciana tocó la pared y recobró la vista. Un milagro dijeron todos. Él no quiso creer. Él era una persona con cáncer, tenía los días contados, pero trataba de ser feliz. Un día llegó una vecina nueva con su hija. La niñita no hablaba. Su papá la había abandonado y desde ese entonces no había querido hablar más.
Una madrugada él salió a su patio, y la niña con la mano en la pared. Su madre había venido asustada, y ella la abrazó diciendo mamá.
Con los años el rumor se corrió, hasta que un día, al volver de su caminada diaria, en su patio había mucha gente, la mayoría ancianos, muchos que tenían alguna discapacidad.
Él agarró una pala de escavar y comenzó a romper la pared con toda su furia, él sabía que se hiva a morir, para él nada podría sanarlo, ni ningún milagro, ni ningún Dios, ni ningún Santo. Rompiendo en llanto destrosó aquella estructura. Sintió muchos pares de ojos mirándolo y se quedó parado. La estructura se le calló ensima.

Muchas veces nos sentimos así. También yo. Nos sentimos atrapados en cuatros paredes, nos enredamos solos en un sólo problema, pensando que nada ni nadie nos puede ayudar, y nos privamos de muchas cosas. Lentamente destruimos todo dentro nuestro. Toca esa pared

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