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jueves, 28 de octubre de 2010

Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin duda, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y que yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día trizte para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces busqué un espina y la puse entre signos de pregunta:
-¿Cuánto hace que se murió tu mamá?
Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.
-Cuatro años- contestó
Pero mi rabia no se conformó ocn eso.
-¿Y cómo fué?- volví a preguntar.
Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llgó desde su voz entrecortada.
-Fue... fue como un viento- dijo.
Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento. ¿Sería lo mismo que pasó por mi vida?
-¿Es un veinto que llega de rrepente y se mete en todos lados?- pregunté.
-Si, es ese.
-¿Y también susurra...?
-Mi viento susurraba- dijo Juanjo-.
Pero no entendí lo que decía
-Yo tampoco entendí- Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza
Pasó un silencio.
-Un viento tan fuerte que movió los edificios- dijo él- Y eso que los edificios tienen raíces...
Pasó una respiración.
-A mi se me ensuciaorn los ojos.- dije.
Pasaron dos.
- A mi también
-¿Tu papá cerró las ventanas?- pregunté.
-Sí.
-Mi mamá también.
-¿Porqué lo habrá hecho?- Juanjo parecía asustado.
- Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra, hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas. Porque Juanjo y yo teníamos un viento en comúm. Quizá ya era tiempo de abrir las ventanas.

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