Me había jurado que nunca hiva a llorar.
Me levanté. Tenía mi short blanco y mi remera blanca de tiritas que uso como camisón. Estaba desarreglada. Estoy sola. Me preparo un café aún sin pensar. Me siento en esa mesita que habitualmente desayunabamos los dos. No quiero abrir los ojos. No quiero ver la realidad. Nunca había sentido mi casa tan vacía. Llegó la noche y me di cuenta que todabía estoy en la mesa con la tasa sucia. ¿Qué hago? Eres mi mal.
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