Había encontrado por el mundo una persona. Una persona que a simple vista parecía buena, y me había parecido muy linda interiormente por sobretodo. Él estaba sentado en la calle, con una sonrisa. Me senté alado de él y comenzamos a hablar. Estaba yo con mi amiga, y ella se unió también a la charla. Contamos historias, chistes, anécdotas, y de a poco nos fuimos conociendo. Con mi amiga habíamos descubierto, que a pesar de su sonrisa, era una persona llena de problemas, que tan solo necesitaba amor. Nosotras ofrecimos nuestras manos para ayudar y nuestros hombros para llorar. Él aceptó todo agradeciéndonos cada consejo que le dábamos. Con el tiempo, esta persona fue actuando diferente, ya no agradecía, sino que nos metía en sus problemas. Por compasión lo seguimos ayudando, pero diciéndole que nosotras no teníamos nada que ver. Durante todo ese tiempo, estábamos sentados allí, charlando, escuchándolo llorar, escuchando sus problemas y dolores. Él ya no nos escuchaba a nuestros consejos. Él comenzaba a enojarse con nosotras, a pegarnos despacio, pero con bronca. Pensando que tenía que buscar el culpable de los problemas en su vida, y como no los encontraba, se descargaba con nosotras. Ya yo me había cansando y había decidido levantarme de la ronda, pero le extendí mi mano diciéndole que también él debía levantarse y seguir adelante. Que no servía de nada seguir allí sentado lamentándose por lo que había pasado en su vida. Tomó mi mano, pero no se levantó. Aún en esa situación no lo solté y seguía incentivándolo a levantarse, y él seguía llorando hablando de sus problemas.
Derrepente me asusté con lo que tenía frente a mi. Secó sus lágrimas, tomó coraje, me miró fijamente, sacó un arma y me disparó en el hombro. No podía creer lo que estaba pasando. Aún así, no lo solté! Yo solo quería que se levantara. Le pedí por favor que no me lastimara más, él me pedía que no me fuera, pero que me sentara y lo siguiera escuchando. Esto ya no tenía sentido para mi. Mi amiga solamente observaba, pero su mente se había llenado de humo de tanto escuchar problemas. Ella le pidió que soltara el arma, poniendo su mano sobre este, pero sin querer también hizo que saliera otra bala. Esta vez se había dirigido a mi estómago. Yo estaba muy débil, perdiendo sangre. No lo solté.
Él me decía que tenía muchos problemas en su vida, que ya no sabía qué hacer. Pero yo le decía ESCUCHAME! trataba de levantarlo con la mano que aún tenía sana, y él hacía fuerza para abajo. Y en este tramo de tira y empuje, salió un 3º y último disparo, lo cual me derribó. Había caído al piso con tantas heridas que sentía no poder respirar. Mi vista se nublaba mientras miraba el cielo, de a poco todo se volvió negro. Me desvanecí, pero aún así, escuchaba mis pensamientos. "¿Porqué pasó esto?, yo solo quería ayudarlo, ¿porqué me lastima así?" Luego de no estar en mi cuerpo, veo una luz, que era pequeña, que de a poco se hacía más grande. Era la luz del hospital, donde me habían sacado las balas. Con el tiempo me curé, todo había sanado.
La otra vez pasé por esa misma calle, y seguía viendo a mi amiga y a él llorando. Aún temo que mi amiga pase por lo mismo que yo, pero se que no me escucha. Le deseo suerte
No hay comentarios:
Publicar un comentario